La temperatura del vino importa cuando son las nueve de la noche, afuera llueve de esa forma antigua, y en la casa acaba de pasar lo de siempre: alguien apoyó una botella de tinto contra la estufa, como quien abriga a un enfermo, y ahí la dejó, “para que se temple”.
Nadie preguntó por qué. Eso es lo que se hace. Es lo que “siempre se ha hecho” para que el vino esté a temperatura ambiente.
La frase temperatura ambiente que todos repiten como si fuera una ley física, es en realidad una reliquia. Nació en otro tipo de casas, con otros inviernos interiores, sin calefacción central, sin estufa prendida desde las cinco de la tarde y sin livings convertidos en sauna familiar.
Fue una buena regla para habitaciones frescas pero ya no tanto para una mesa chilena con estufa a mil.
Hoy, “temperatura ambiente” puede significar 22, 23 o incluso 25 grados para los más friolentos. Y ahí el vino no se pone más generoso: se pone borracho. El alcohol se siente más, la acidez se aplana y esa fruta que tanto costó cultivar queda escondida detrás del calor.
El invierno no pide vino caliente. Pide vino bien pensado.
No todo lo frío es verano
Hay una idea bastante instalada: si hace frío, el vino tiene que ser tinto, denso, solemne y casi con chamanto. Y sí, hay días para eso. Hay platos que piden profundidad, copas más grandes y vinos con estructura.
Pero no todos los inviernos son iguales.
También hay inviernos de pizza, guisos de verduras, tablas, encurtidos, pastas con tomate, tortillas, salames, quesos, sopa especiada y comidas al centro. Mesas donde un vino demasiado tibio puede ser molestoso.
La temperatura sí importa
La temperatura ideal depende del tipo de vino, pero hay algunas reglas simples.
Los tintos livianos y jugosos se muestran muy bien entre 12 y 14 grados. Los de cuerpo medio pueden moverse entre 14 y 16. Los más estructurados suelen estar mejor entre 16 y 18.
Y los rosados, como corresponde, agradecen más frío: cerca de 10 a 12 grados, especialmente si vienen con fruta, frescor y esa sensación jugosa que hace que la copa avance sola.
Entonces, qué es Vino Frío
Vino Frío no significa vino helado ni meter cualquier botella al congelador y menos tomar vino como gaseosa con hielo.
Vino Frío significa servir ciertos vinos unos grados más abajo para que se expresen mejor. Para que la fruta aparezca limpia, la acidez despierte y el alcohol no se robe la escena.
Vinos Gillmore que son perfectos para el invierno
Nosotros somos fanáticos de los vinos fríos en invierno, sobre todo los tintos.
Uno de los vinos que encabeza la lista es Almaule País. Su temperatura ideal está entre 12 °C y 14 °C, y es una puerta de entrada perfecta para empezar a tomar tintos fríos en invierno. Es jugoso, liviano y va muy bien con un guiso de verduras, carnes simples, una buena tabla de encurtidos o solo.
El Ciliegiolo delMaule se muestra perfecto entre 14 °C y 16 °C, pero si la casa está con la estufa a mil, conviene apuntar al extremo bajo de ese rango para que dure más tiempo fresco en la copa. Ahí brilla con salames, pizza o una pasta con tomate bien roja.
Y Mariposa Rosado de Viejas que suele quedar injustamente atrapado mentalmente junto con las terrazas, las vacaciones y las tardes largas de enero. Error. Un buen rosado no es decoración de piscina. Puede ser un vino de aperitivo, de comida cotidiana, de invierno con casa prendida y algo rico al centro. Servido frío, cerca de 10 a 12 °C, acompaña tablas, quesos, encurtidos, tortillas, comida especiada, aperitivos o ese momento en que nadie quiere cocinar demasiado, pero igual quiere tomar algo rico.
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Cómo hacerlo en casa sin ceremonia de sommelier
Nadie te va a mirar raro por meter el tinto al refrigerador. Bueno, quizás alguien sí, pero probablemente esa misma persona ha decantado un vino “para que respire” y se lo tomó en tres minutos, así que su autoridad en la materia es discutible.
La regla real es simple: un tinto liviano como Almaule País o Ciliegiolo, unos 20 minutos de refrigerador y listo. Para el rosado, agrega 5 a 10 minutos más, sobre todo si la temperatura ambiente es elevada.
Si la botella llegó a la mesa ya recalentada —clásico de invierno—, puedes usar una hielera con hielo y agua ayuda a enfriar mucho más rápido. En cerca de 10 a 15 minutos puede volver a un punto bastante más razonable.
Para vinos más estructurados, suficiente es llegar cerca de 16 °C o 17 °C y deja que vaya aumentando la temperatura en la copa de a poco.
Con el rosé es más fácil: 25 minutos de refrigerador y servir directamente.
Haz la prueba
La próxima vez que alguien deje el tinto apoyado contra la estufa, hazle la competencia.
Sirve dos copas, a una dale 20 minutos de refrigerador y pon las dos copas una al lado de la otra. Una tibia. Otra fresca.
No hace falta explicar demasiado.
Se nota altiro.
¿Quieres probar el concepto sin armar laboratorio en la cocina? Te dejamos la caja Invierno que reúne el Top3 de vinos fríos favoritos de Gillmore Wines.
Rompe la costumbre y descubre que en invierno también puedes beber una copa ligera, jugosa y bien fría.
¿Y tú? ¿Tomas el vino frío o empollado?






