Pero cuando se observa con más detención, aparece una combinación poco habitual: una familia de origen escocés, variedades italianas y un viñedo centenario en el secano costero del Valle del Maule.
La mirada detrás de la copa
Cada productor hace vino desde su propia experiencia: desde lo que ha visto, lo que ha aprendido, los lugares que lo formaron y las preguntas que se atreve a hacerse.
En Gillmore Wines, esa mirada nace de la mezcla poco evidente del peso de una historia familiar, la curiosidad por variedades menos comunes en Chile y el respeto por un territorio que no se deja forzar.
Ahí empieza a aparecer algo más profundo que una combinación geográfica. Aparece una manera de hacer las cosas.
Una forma de construir
Todos heredamos algo: una forma de trabajar, una relación con el tiempo, una idea de familia, una manera de entender el esfuerzo y el valor de las cosas.
En Gillmore Wines, la herencia escocesa aparece como una raíz cultural que acompaña al proyecto desde sus orígenes. No necesariamente en lo que se cultiva, sino en cómo se construye. Históricamente, Escocia ha estado asociada a una profunda conexión con el territorio, al valor del esfuerzo sostenido, a la independencia de criterio y a una identidad capaz de mantenerse firme incluso en condiciones exigentes.
Son ideas que, de una u otra forma, resuenan en la manera en que la familia Gillmore ha desarrollado su proyecto: con paciencia, visión de largo plazo y una relación con la tierra que entiende que el carácter no se impone, sino que se construye con el tiempo.
La pregunta de fondo: ¿Por qué una familia de apellido escocés termina haciendo vino en el secano del Maule?
La respuesta no está en Escocia. Está en la manera de mirar el Maule. Cuando muchas zonas del valle eran reconocidas principalmente por volumen, la familia Gillmore decidió ver otra cosa.
Donde muchos veían limitaciones, Gillmore Wines vio potencial. Donde otros veían un territorio difícil, vio identidad. Donde otros veían viñedos antiguos y variedades poco valoradas, vio carácter.
Esa mirada conecta con todo lo que vendría después: la decisión de trabajar en el secano, la apuesta por parras viejas, la exploración de variedades poco habituales y la convicción de que el valor de un territorio no siempre coincide con el reconocimiento que recibe en un determinado momento.
Escocia explica el origen de la familia, pero también ayuda a entender el origen de una pregunta que sigue presente hasta hoy: ¿qué pasa cuando alguien decide mirar donde otros todavía no están mirando?
Escocia representa mucho más que una nacionalidad. Es el punto de partida de una forma de observar el mundo: seguir caminos menos evidentes, confiar en procesos largos y construir algo propio sin necesidad de parecerse a lo que hacen los demás.
Italia: la exploración varietal
Italia aparece en Gillmore Wines a través de las variedades, pero reducir esa presencia a una lista de cepas sería quedarse mirando la etiqueta sin abrir la botella. Aglianico, Sagrantino, Ciliegiolo, Montepulciano, Primitivo o Vermentino no llegaron al Maule como nombres difíciles para hacer sufrir a quien atiende un stand.
Llegaron porque detrás había una experiencia acumulada, una relación profesional y la convicción concreta de que las variedades italianas, acostumbradas a ciertos climas mediterráneos y condiciones exigentes, encontrarían una nueva vida en el secano del Maule.
Andrés Sánchez y los años en Italia
En esa historia aparece Andrés Sánchez, enólogo de Gillmore Wines desde siempre y una pieza central de esta exploración. Trabajó muchas vendimias en Italia , donde fue formando una relación directa con esas variedades, con sus ciclos, sus exigencias y su manera de expresar estructura, textura y carácter.
No era una fascinación de catálogo. Era conocimiento de terreno, de bodega y de cosecha, que es donde el vino deja de posar para la foto y empieza a portarse como realmente es.
Durante esos años, Andrés trabajó vinculado a Mauricio Castelli, asesor italiano con quien desarrolló una relación profesional muy cercana. De esa relación empezó a aparecer una idea: traer variedades italianas a Chile y probarlas en un territorio donde pudieran tener sentido.

La conversación no nació como una maniobra para subirse a la novedad varietal, sino desde una mezcla bastante más interesante: cercanía, experiencia técnica, oportunidad y la convicción de que las variedades italianas tenían un enorme potencial en condiciones de secano.
No era solo intuición
La idea de las variedades italianas nace de alguien que había trabajado años en Italia, que conocía esas variedades desde dentro y que veía en ellas algo que podía dialogar con el Maule.
Sabía que los vinos italianos podían alcanzar estructura, fineza y expresión de una manera distinta a los vinos de tradición francesa. Y cuando esas variedades empezaron a mostrar su comportamiento en el secano maulino, la intuición encontró respaldo en el viñedo.
Muchas marcas pueden presentar una variedad poco común como novedad, pero en Gillmore Wines la exploración italiana parte desde una mirada técnica y territorial, no desde una moda pasajera.
Aglianico, Sagrantino, Ciliegiolo, Montepulciano, Primitivo y Vermentino llegaron entonces como posibilidad. No para convertir al Maule en Italia, sino para permitir que el territorio tuviera otra entonación.
Vinos Chilenos con acento italiano

Por eso tiene más sentido hablar de vinos chilenos con acento italiano que de vinos italianos hechos en Chile.
Gillmore Wines ha sido siempre enfático en aclarar que no se trata de imitar las denominaciones italianas ni de competir con una tradición que pertenece a otro paisaje. Se trata de descubrir qué ocurre cuando esas variedades encuentran una nueva casa en el secano maulino
La línea italiana de Gillmore Wines (delMaule) no es una rareza puesta sobre la mesa para que alguien diga “uh qué exótico”.
Los vinos delMaule son una exploración con sentido, nacida de años de trabajo, relaciones profesionales, vendimias, ensayo, error y una lectura muy concreta del territorio.
Gillmore Wines no las planta para ampliar portafolio sino que son parte de la historia familiar que ya venía trabajando con secano, parras viejas y una escala humana.
La mirada distinta de Gillmore Wines y por qué importa.
Se trabaja distinto cuando el agua no sobra. La planta debe buscar profundidad, adaptarse al suelo y responder al ritmo real del territorio.
Se entiende distinto una variedad cuando se la observa durante años. Ahí aparecen sus ciclos, sus límites, sus cambios y su manera propia de expresarse en el lugar. Cuando se mira solo como novedad, todo eso queda fuera de cuadro.
Se construye distinto cuando el relato nace de la historia y no al revés.
En esas diferencias está parte del valor de Gillmore Wines, que comprende que el vino no empieza en la botella, sino mucho antes, en la manera de mirar el campo, decidir qué plantar, cómo esperar y cuándo intervenir y de adaptarse al territorio en vez de adaptar el territorio a una marca.
La mirada distinta de Gillmore Wines está en la combinación específica de tres variables: una familia de origen escocés, variedades italianas y el secano del Maule.
Tres elementos que podrían parecer lejanos entre sí, pero que en esta viña se transforman en identidad.
- Escocia entrega la memoria familiar.
- Italia entrega la exploración.
- El secano entrega el carácter.
- Y el Maule une todo.
El resultado es un vino de excepcional calidad, con el peso de esa combinación y sin la intención de parecerse a Italia, ni vestirse con kilt, ni suavizar el carácter del Maule.
Y esa es la verdadera historia.
Gillmore Wines se entiende desde el cruce entre origen, búsqueda y territorio. Desde una familia que llegó a querer un lugar y eligió quedarse, no para corregirlo, sino para vivirlo.
Una viña que demuestra que, a veces, la identidad aparece justamente cuando cosas aparentemente desconectadas encuentran un territorio capaz de darles sentido.
Visita la tienda y comprueba de qué hablamos.
Salud!






