La Línea delMaule

por | Ago 26, 2026 | Vinos | 0 Comentarios

Descubre porqué la Línea delMaule es la nueva vieja manera de beber vino.

El mundo descubrió que se puede beber menos y, al mismo tiempo, tener muchas más ganas de descubrir. Nosotros llevamos treinta años apostando a eso. Y por fin agarró vuelo

Hace veinte años esa escena era rara. La botella desconocida generaba desconfianza, y abrir algo distinto requería explicaciones. El vino venía acompañado de un manual invisible: había que conocer variedades, interpretar etiquetas, manejar ciertas reglas y esperar el momento adecuado.

Hoy hay más curiosidad, más ganas de probar cosas distintas, menos miedo a salirse de lo conocido y una relación bastante más libre con lo que ponemos en la copa. Y eso nos tiene felices, aunque para nosotros no sea ninguna novedad.

Venimos hace treinta años proponiendo mirar hacia una dirección diferente. Primero fue el secano del Maule, cuando casi nadie lo miraba. Después las parras viejas, cuando muchos las estaban arrancando. Más tarde llegaron las preguntas sobre qué otras variedades podían tener sentido acá, y de esa curiosidad nació, años después, la exploración con variedades mediterráneas que hoy forman parte de delMaule: Aglianico, Sagrantino, Montepulciano, Ciliegiolo, Primitivo y Vermentino.

En su momento sonaban bastante poco habituales. Hoy, bastante menos.

Y no es solo una impresión nuestra.


Siete datos (+1) sobre cómo está cambiando la forma de tomar vino

1. El mundo está tomando menos vino. En 2025 el consumo mundial fue estimado en 208 millones de hectolitros, un 2,7% menos que el año anterior. La cifra viene bajando hace varios años y no parece un accidente.

2. El rosado dejó de ser ese vino que aparecía solamente cuando subía la temperatura. Su consumo pasó del 8,7% al 9,5% del total mundial y su producción creció un 25% entre 2001 y 2021. Dejó de ser una excepción de verano para convertirse en una categoría propia.

3. El cambio también se ve en lo que se produce. La producción mundial de vino tinto cayó un 25% entre su máximo de 2004 y 2021. Un cuarto de la producción de tinto del mundo, desaparecida en menos de dos décadas.

4. La moderación se instaló en la conversación. El 64% de los consumidores estudiados por IWSR dice estar moderando su consumo de alcohol. No dejando de tomar: moderando. La diferencia importa.

5. Y las generaciones más jóvenes van todavía más lejos. Entre Millennials esa cifra llega al 70%. Entre Gen Z en edad legal para beber, al 75%.

Hasta acá la conclusión parece evidente: la gente simplemente quiere tomar menos. Pero los datos que siguen complican esa lectura.

6. Los Millennials que toman vino están particularmente metidos en el tema. El 44% declara un alto nivel de interés en la categoría, frente al 30% del total de consumidores habituales. Están más informados y más involucrados que el promedio.

7. Y son bastante más aventureros. El 73% dice disfrutar probando regularmente vinos nuevos o estilos diferentes. En el total de consumidores habituales, esa cifra baja al 58%.

Es decir: se puede beber menos y, al mismo tiempo, tener muchas más ganas de descubrir. La copa se llena con menos frecuencia, pero cuando se llena, hay más disposición a que adentro haya algo desconocido.

+1. Y por si quedaba alguna duda. Están probando formatos que hace algunos años habrían provocado uno que otro infarto en el mundo tradicional del vino. Casi un tercio de los Millennials consumidores habituales de vino en Estados Unidos ha comprado botellas pequeñas, y un 17% ya ha comprado vino en lata. Sí, en lata. El vino sobrevivió.


La vieja nueva manera es la escencia de la línea delMaule

Lo que estos números describen no es exactamente una moda. Es un cambio en la relación: elegir por curiosidad, reconocer lo que resulta interesante y aprender a partir de la experiencia, en vez de estudiar primero para poder disfrutar después.

Suena moderno. Y lo es. Pero también es la manera más antigua que existe de acercarse a cualquier cosa que valga la pena.

Ahí está la contradicción que le da nombre a esta historia, y que es solo aparente. La parte vieja está en el oficio, en el secano, en el tiempo que toma conocer una variedad, en la experiencia acumulada durante décadas. La parte nueva está en lo que decidimos hacer con ese conocimiento.


La pregunta que nos trajo hasta acá

Si algo nos ha caracterizado durante estos años ha sido la curiosidad. No preguntarnos solamente qué vino había que hacer, sino algo bastante más abierto: ¿qué más puede hacer este lugar?

Esa pregunta terminó llevándonos a las variedades mediterráneas, y el camino fue largo. Como ya les contamos al revisar la historia de la viña  todo comenzó alrededor de 2010, con la introducción y propagación del material vegetal. Después vinieron varios años de observación en el campo y una espera inevitable antes de conocer los primeros resultados, que llegaron en 2016.

Seis años entre plantar y saber.

Esa espera resultó ser lo más valioso del proceso, porque nos obligó a entender la diferencia entre novedad e innovación. No podíamos anticipar el resultado por comparación climática ni por experiencia previa. Había que plantar, observar y permitir que cada variedad mostrara si era capaz de encontrar una expresión propia en este lugar. Algunas podrían no haberla encontrado.

Por eso delMaule es una línea relativamente nueva, pero no improvisada. La trayectoria no se transformó en una obligación de repetir lo conocido: se convirtió en la base para avanzar hacia otra parte.


Mediterráneo no significa Italia

Acá aparece algo que todavía nos cuesta explicar en las degustaciones.

Mediterráneo es un tipo de clima, no un país. Italia lo tiene, por supuesto. Pero también zonas de España, Grecia, California, Australia y Chile. Todas comparten algunos rasgos generales, especialmente veranos secos e inviernos más lluviosos.

Hasta ahí, la familia. Después empieza la personalidad.

Porque el clima es apenas una parte de lo que termina dentro de la botella. Cambian los suelos, la cantidad de lluvia, la altura, el viento, la cercanía al mar, las temperaturas, cuánto se enfría durante la noche y la forma en que se cultiva. Cada uno de esos factores mueve la aguja.

Un Sagrantino en Montefalco puede crecer sobre suelos con presencia importante de arcilla y caliza, en una zona con lluvias significativamente mayores a las nuestras. Un Vermentino en Cerdeña puede crecer sobre granito, algo que nos resulta bastante familiar, pero acompañado de una fuerte influencia marítima y viento prácticamente permanente. Un Aglianico del sur de Italia puede crecer a mayor altura y sobre suelos de origen volcánico.

¿Y en el Maule? Otra combinación completamente distinta: suelos graníticos de la Cordillera de la Costa, viñedos de secano, lluvias concentradas en invierno, veranos secos, gran luminosidad y algo especialmente importante, una marcada diferencia de temperatura entre el día y la noche.

Entonces, aunque la variedad se llame igual, la vida que le toca vivir a la planta es otra. Y por eso el vino también es otro.

Nunca quisimos hacer un Aglianico italiano en Chile, ni copiar un Sagrantino de Montefalco, ni elaborar un Vermentino que fingiera haber crecido mirando el Mediterráneo. La pregunta que nos interesaba era bastante más entretenida: ¿qué pasa con estas variedades cuando les toca vivir en el Maule?

Eso es delMaule. Variedades mediterráneas, interpretadas por otro territorio.


Vinos chilenos con acento italiano

Como ya contamos en «Cuando el italiano habla chileno«, estas variedades no llegaron al Maule para reproducir estilos europeos. El Aglianico, el Ciliegiolo, el Montepulciano, el Primitivo, el Sagrantino y el Vermentino conservan sus nombres y sus historias, pero los vinos pertenecen al lugar donde ahora crecen.

Son variedades italianas. Los vinos son maulinos.

La distinción importa, porque permite mirar la línea delMaule como lo que realmente es: una colección de vinos originales, con sabores, aromas y concentraciones nuevas para describir el secano maulino.

Vermentino delMaule. Un blanco tenaz, con energía, al que le gusta el sol. Fresco, de acidez rica.

Ciliegiolo delMaule. Una expresión más delicada, marcada por su aroma a cereza y sus taninos finos. Su frescura cuestiona la idea de que los vinos mediterráneos tienen que ser necesariamente pesados.

Primitivo delMaule. Taninos grandes y ricos, aromas a frutas negras, mucha fuerza en boca sin peso.

Montepulciano delMaule. Volumen, fruta roja madura y taninos envolventes, con notas minerales en boca.

Aglianico delMaule. Aromas a frutas negras, sápido, de boca potente y profunda.

Sagrantino delMaule. Intenso, de taninos maduros y una nariz rica y profunda.

La Collezione delMaule. Un ensamblaje de distintas variedades mediterráneas que funciona como lectura conjunta del proyecto.

No todos tienen el mismo peso, la misma intensidad ni el mismo ritmo, y tampoco necesitan tenerlos. La frescura puede aparecer en un blanco como el Vermentino, pero también dentro de la estructura del Aglianico o del Sagrantino. Y que un vino sea sabroso significa, simplemente, que logra conectarse con quien lo prueba antes de que haga falta explicar sus antecedentes técnicos.


Elegir sin ser experto

Frente a un nombre conocido, casi todos sentimos que sabemos más o menos qué esperar. Frente a palabras como Ciliegiolo o Aglianico, esa seguridad desaparece.

Y eso, que parece un problema, es en realidad una oportunidad poco común: elegir sin depender de una respuesta aprendida.

No hace falta pronunciar correctamente cada variedad ni conocer su región italiana de origen. Tampoco memorizar descriptores aromáticos antes de servir la primera copa. La pregunta puede ser mucho más simple: ¿se busca algo fresco y delicado, o algo más generoso? ¿Mayor estructura? ¿Un blanco distinto? ¿Una variedad que uno nunca haya probado?

Cada vino de la línea ofrece una entrada diferente. No esperamos que nadie se convierta en especialista. La idea es entregar suficientes diferencias para que cada persona pueda reconocer qué le resulta interesante y empezar a construir su propio criterio.


Parte de una escena que también está cambiando

En el Maule existe hoy una escena formada por productores, cocineros, comunicadores y consumidores que están revisando la manera de presentar el territorio. Ya no se trata solamente de defender su historia, sino de mostrar qué está ocurriendo ahora.

La participación de Daniella Gillmore en 15 Vigneronas, la presencia de la viña en la Feria de Vinos Moderna de Casa Trepén y las colaboraciones con gente del vino y la gastronomía forman parte de ese movimiento. Son espacios donde las variedades menos conocidas dejan de ser una explicación teórica y entran en contacto con públicos que quieren probar, preguntar y comparar.

Aportamos a esa escena desde una posición particular. No somos un proyecto recién llegado al Maule, pero tampoco una viña detenida en su propia trayectoria. Suficiente historia para hablar desde la experiencia, suficiente curiosidad para seguir cambiando.


Por fin agarró vuelo

Vale la pena volver al principio. Todo lo que celebramos hoy en el consumo de vino, esa curiosidad, esa libertad, esa disposición a probar algo que uno todavía no conoce, es exactamente lo que veníamos proponiendo desde el secano hace treinta años. La diferencia es que antes había que explicarlo mucho.

Nuestros vinos son chilenos con acento italiano, nacidos en un territorio que no fue adaptado para recibirlos. Fueron ellos los que tuvieron que aprender a vivir acá.

Por fin agarró vuelo. Solo tomó treinta años.

Aunque si algo parece repetirse una y otra vez en la historia del vino, es esto: la única constante es que siempre queremos algo nuevo.

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