¿Qué son los premios y cómo valen?

por | Dic 21, 2025 | Vinos | 0 Comentarios

Durante años se instaló una idea cómoda: que el valor de un vino se explica con un número. Un puntaje, una medalla, una cifra rápida que promete certezas.
En Gillmore llevamos más de tres décadas trabajando viñedos en el Maule profundo y, desde ese lugar, aprendimos algo simple: el valor real de un vino rara vez se entiende solo mirando un puntaje.

Eso no significa que las evaluaciones no sirvan. Sirven. Pero llegan al final del proceso, no al comienzo. Antes de eso existen señales mucho más estables, más profundas y, sobre todo, más honestas para entender si un vino realmente vale lo que cuesta.


El origen explica más que la etiqueta

El primer factor es el territorio. No como palabra bonita, sino como condición concreta de producción.

Según datos de la OIV (Organización Internacional de la Viña y el Vino), más del 70 % del costo estructural de un vino de pequeña escala está determinado por el viñedo: manejo, rendimiento por hectárea, edad de las plantas y condiciones climáticas.
Un viñedo de secano, con parras viejas y bajos rendimientos, produce menos uva, pero con mayor concentración natural. Eso tiene un impacto directo en el costo y en el carácter del vino.

No es marketing. Es aritmética agrícola.


Escala humana: cuando producir menos cuesta más

Un dato que suele omitirse: los vinos de proyectos pequeños no son caros porque quieran serlo, sino porque no pueden ser baratos.

Estudios de mercado de Nielsen Wine & Spirits muestran que las bodegas de producción limitada tienen costos unitarios hasta un 40 % más altos que proyectos industriales, incluso antes de embotellar.
Menos volumen implica menos margen para diluir costos fijos. Cuando un vino mantiene precios razonables dentro de ese contexto, suele ser una señal de coherencia, no de oportunismo.


Consistencia: el valor que no se ve en una sola botella

Un vino vale lo que cuesta cuando se sostiene en el tiempo.
La consistencia entre añadas es uno de los indicadores más valorados por sommeliers y compradores profesionales, precisamente porque habla de manejo, criterio y conocimiento del lugar.

En concursos técnicos y evaluaciones longitudinales, los proyectos que mantienen estilo y calidad durante cinco o más cosechas consecutivas tienden a consolidar su precio sin necesidad de inflación artificial. El valor se construye, no se impone.


Transparencia: cuando el productor puede explicar su vino

Otra señal clara: la capacidad de explicar el vino sin exagerar.
Cuando un productor puede hablar con precisión de su viñedo, de sus decisiones y de sus límites, normalmente hay sustancia detrás. Cuando todo es épico, heroico o grandilocuente, conviene mirar con más calma.

En Gillmore creemos que un vino bien hecho se explica con datos simples: dónde nace, cómo se trabaja y por qué es así. Nada más.


El precio como consecuencia, no como argumento

El precio de un vino confiable suele ser la consecuencia lógica de su origen, su escala y su consistencia.
Cuando esas piezas encajan, el valor se entiende incluso antes de abrir la botella. Y cuando se abre, la experiencia confirma lo que ya estaba ahí.


Y nuestros premios, nos encantan!

Saber si un vino vale lo que cuesta no requiere títulos ni vocabulario técnico. Requiere mirar el origen, entender la escala, observar la consistencia y escuchar la forma en que se cuenta. Los puntajes pueden acompañar ese camino. Nunca reemplazarlo. Y te dejamos algunos de nuestros reconocimientos de los últmos años

Año 2024

VIGNO Carignan 2018

  • 95 puntos, Tim Atkin Chile Report 2024

  • 94 puntos, James Suckling 2024

  • 93 puntos, Robert Parker – Wine Advocate 2024

  • 93 puntos, Vinous by Joaquín Hidalgo 2024

  • 92 puntos, Guía Descorchados 2024

Un mismo vino validado transversalmente por cinco guías distintas en el mismo período es una de las señales más claras de consistencia real.


Año 2025

En el vino, la consistencia se reconoce menos por un resultado puntual y más por la repetición del criterio en el tiempo.
Por eso, cuando distintos paneles —con metodologías y sensibilidades diferentes— coinciden en evaluar positivamente un mismo proyecto, la señal deja de ser anecdótica y se vuelve estructural.

En los últimos años, los vinos Gillmore han sido evaluados de manera consistente por guías internacionales y nacionales como Tim Atkin, Robert Parker – Wine Advocate, James Suckling, Vinous, Descorchados y CAV.

Esa coincidencia no responde a una moda ni a un estilo diseñado para agradar, sino a un trabajo sostenido en el viñedo y a decisiones enológicas coherentes con el territorio.

Una señal especialmente relevante es la validación transversal de una misma cosecha por múltiples críticos, como ocurrió con VIGNO Carignan 2018, evaluado entre 92 y 95 puntos por cinco guías distintas en un mismo período. En términos técnicos, eso habla de estabilidad, precisión y manejo del viñedo más allá de un resultado aislado.

La consistencia también se expresa cuando distintas variedades —Aglianico, Montepulciano, Sagrantino, Vermentino o País— alcanzan reconocimientos similares en años consecutivos. No es un vino “excepcional” lo que aparece, sino un proyecto completo que se sostiene.

En Gillmore, los premios se entienden como una consecuencia natural del trabajo bien hecho.
Nunca como el punto de partida.