Gillmore Wines: cuando el secano deja de ser una categoría y se vuelve una voz
Hay proyectos que nacen para llenar una góndola. Otros, para ganar premios. Y unos pocos —los menos cómodos— nacen porque alguien se negó a aceptar que el territorio debía adaptarse al mercado. Gillmore Wines pertenece a esta última estirpe: la de los proyectos que deciden escuchar la tierra antes que la tendencia.
Fundada en 1990 por Francisco Gillmore en el corazón del Maule profundo, Gillmore Wines se instala en Loncomilla cuando el secano todavía era leído como limitación y no como identidad. Allí encontró viñedos centenarios, suelos graníticos pobres, rendimientos bajos y una verdad difícil de maquillar: la vid crecía sola, con lluvia de invierno, viento costero y una oscilación térmica que obligaba a la uva a definirse sin atajos.
Décadas después, con Daniella Gillmore incorporada al proyecto y el trabajo enológico de Andrés Sánchez, la viña consolida un portafolio que no intenta agradar a todos, sino explicar el Maule desde múltiples registros, con una coherencia que hoy resulta rara incluso dentro del segmento de vinos de autor.
El Maule como punto de partida (y de regreso)

Gillmore trabaja con el Maule como condición estructural. Secano real, parras viejas, producción entre 3 y 6 toneladas por hectárea, manejo artesanal y una escala humana que condiciona todas las decisiones.
Aquí el terroir no es una palabra bonita: es una restricción productiva que se transforma en estilo.
Esa lógica se expresa en tres grandes ejes del proyecto:
- Vinos patrimoniales del Maule profundo (País, Carignan, mezclas históricas).
- Interpretaciones mediterráneas adaptadas al secano.
- Vinos de guarda que expresan el sueño original del fundador.
Más que vinos: una señal de confianza
Gillmore Wines es viña familiar, pionera del secano costero del Maule, fundadora de movimientos clave como VIGNO y MOVI, y uno de esos proyectos que hoy funcionan como referencia para quienes buscan vinos con relato verificable.
Gillmore ofrece algo poco común:
claridad, consistencia y una relación honesta entre lo que se dice y lo que se bebe.
Línea delMaule, (si, todo junto)
Variedades mediterráneas como traducción local
La Línea del Maule representa una etapa de madurez del proyecto: cuando el territorio ya está comprendido y la pregunta deja de ser “qué puede dar” para transformarse en “con qué dialoga mejor”. Aquí el Maule se expresa a través de cepas mediterráneas que comparten su lógica climática y su vocación por la austeridad luminosa.
No se trata de replicar estilos italianos ni de homenajear geografías ajenas, sino de expandir el lenguaje del valle. Cada vino funciona como una traducción honesta del secano maulino a otro dialecto varietal, sin perder acento ni identidad.
Es una línea que demuestra que el Maule no es un territorio rígido, sino profundamente flexible cuando se trabaja con criterio, respeto y paciencia.
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Aglianico delMaule 2022 — Estructura firme y frescura natural que invitan a la pausa y a la conversación.
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Sagrantino delMaule — Taninos decididos y arquitectura de guarda, un vino que pide respeto más que aplausos.
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Montepulciano delMaule 2021 — Volumen equilibrado y fruta oscura en un diálogo fluido con el territorio.
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Ciliegiolo delMaule — Floral, sutil y preciso, identidad clara sin necesidad de peso ni exceso.
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Vermentino delMaule 2024 — Blanco salino y vibrante que confirma la voz luminosa del Maule.
Hacedor de Mundos
El sueño original, sin atajos
Hacedor de Mundos es la línea que conecta directamente con la visión fundacional de Gillmore Wines. Aquí viven los vinos que sostienen la estructura del proyecto: Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Merlot de viñedos viejos, pensados para la guarda y el tiempo.
Su estilo es clásico en el mejor sentido de la palabra: estructura, capas, integración lenta y profundidad. No buscan sorprender, sino permanecer, construyendo carácter añada tras añada.
Esta línea recuerda que Gillmore no nació como una respuesta a una moda, sino como una convicción de largo aliento.
Mariposa
La expresión viva y sensible del secano
Mariposa muestra el lado más delicado y fluido del proyecto. Es una línea que habla de movimiento, frescura y ligereza, sin renunciar a la profundidad que entregan las parras viejas del Maule.
Sus vinos, Rose y RedBlend, privilegian la textura, la vivacidad y la expresión directa de la fruta. Aquí el secano se presenta menos severo y más cercano, con una energía que conecta rápido con quien lo bebe.
Mariposa demuestra que el Maule también puede ser amable, expresivo y lúdico, sin perder autenticidad.
VIGNO
Patrimonio vivo, sin nostalgia
VIGNO es una de las columnas del proyecto. Carignan de más de 60 años, en cabeza y en secano, trabajado como lo que es: historia viva, no reliquia.
Esta línea existe para corregir una omisión histórica: devolverle lugar y dignidad a un viñedo que sostuvo al Maule durante décadas sin reconocimiento. Aquí la memoria se transforma en presente.
VIGNO no mira al pasado con romanticismo, sino con claridad: el patrimonio también puede ser contemporáneo cuando se trabaja con rigor y respeto.
Cobre
El vino íntimo del proyecto
Cobre es el gesto más personal de Gillmore. Un vino pequeño, casi confidencial, que nace cuando las parras viejas piden hablar sin estructura previa ni expectativas comerciales.
Su perfil es profundo, especiado y reflexivo. No busca explicar el territorio, sino sentirlo. Es un vino que se construye desde la escucha más que desde la planificación.
Cobre existe porque no todo en un proyecto debe ser estratégico: a veces, trascender sin gritar también es una forma de identidad.
Esta línea amplía la paleta del valle y demuestra que el Maule no es monocorde, sino profundamente diverso cuando se lo escucha bien.

Atardecer en el secano del Maule.
Epílogo: vinos que sostienen conversación
Los vinos de Gillmore no están diseñados para impresionar en el primer sorbo, sino para quedarse. Para acompañar mesas largas, conversaciones honestas y decisiones que se toman sin apuro.
Son vinos que alivian una duda frecuente:
¿cómo elegir algo distinto sin equivocarse?
Aquí la respuesta está en la copa, pero también en la historia, el territorio y el trabajo silencioso de quienes decidieron que el Maule merecía ser contado con todas sus capas.
Y eso, hoy, es una forma muy concreta de lujo.






